Luego, estamos
eminentemente ante una novela con tintes históricos y policíacos en donde están
en discusión los preceptos religiosos estrictos, la moralidad de un Estado
religioso, preceptos y conceptos artísticos ulteriores y la importancia de
estos en la sociedad en la que viven, la muerte en sí misma, el asesinato, la
vida después de la muerte. Entonces, según los acontecimientos de estos pocos
capítulos, como detonador de la obra nos encontramos ante el asesinato del
Maese Donoso, uno de los ilustradores que hace los mejores dorados del
sultanato, que es seguidor del predicador radical Nusret de Erzurum, quien ve
pecado y degeneración por todos lados.
Entre los personajes,
por el momento, tenemos al Maese Donoso, al predicador Nusret, a Negro, al Tío
de Negro, a su hija la bella Seküre (de quien Negro se enamoró desde que era
una niña) y al Asesino (que a veces me da a pensar que es Negro, pero no creo).
Todo indica que al Tío
de Negro, el Sultán Pilar del Universo le encargó en secreto un libro de
ilustraciones y este ha decidido realizarlo (influenciado por el retrato recién
descubierto a través de los artistas venecianos) no de una forma convencional
figurando las posesiones materiales del Sultán sino con “las riquezas
interiores, de las alegrías y los miedos del mundo sobre el que gobierna
Nuestro Sultán”. Para esto contrató ilustradores de los talleres del Sultán que
tienen nombres en clave, pues es un secreto el libro y las reuniones que llevan
a cabo: Cigüeña, Aceituna, Donoso y Mariposa. Después de una reunión secreta
que tuvo con Donoso, este ya no volvió a casa y teme de que fue asesinado, y
aquí me parece que empieza todo.
Entre tantos otros
asuntos que toca el libro, me llamó mucho la atención el tema del
descubrimiento del retrato, algo que para nosotros (primero desde esta época y
segundo desde este lado del mundo) es de lo más normal del mundo, pero creo que
es interesante colocarse ante los ojos de una persona de ese momento que,
aunque aún no hay fecha exacta, pero calculo que es por el siglo XVI o XVII:
"Los maestros venecianos habían descubierto métodos y técnicas para poder
diferenciar un hombre cualquiera de los demás, no gracias a sus ropas y a sus
condecoraciones, sino a los rasgos de su cara (…) Con que tu cara sea pintada
así una sola vez, ya nadie será capaz de olvidarte. Por muy lejos que estés,
aquel que mire tu imagen te sentirá muy cerca de sí. Todos aquellos que no te
hayan visto en vida, años después de tu muerte pueden encontrarse frente a
frente contigo como si te tuvieran delante”. Imaginen después el impacto de la
fotografía y el video, quizás un cambio tan radical como ahora es la
inteligencia artificial. En fin, se ha dado el primer paso de una carrera de
aliento largo.
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El mercader ambulante de Ludwing Deutsch |
Capítulo I. Estoy muerto
El Maese Donoso,
conocido ilustrador e iluminador, ha sido asesinado desde hace cuatro días por
alguien desconocido que busca destruir el Islam (“una conspiración contra
nuestra religión, nuestras tradiciones y nuestra manera de ver el mundo”). Su
alma no descansa hasta que sea enterrado (para deshacerse de la impureza del
cuerpo) y se haga sufrir al asesino: “¡Encontrad a ese hijo de puta que me
asesinó y yo os contaré todo lo que hay en el otro mundo con pelos y señales!”.
Ya muerto nos habla de varios temas: es una tortura saber
que la vida sigue adelante cuando uno está muerto; antes de nacido a sus
espaldas había un tiempo infinito, ahora, después de muerto, hay un tiempo
inagotable; a pesar de no tener vida continúa consciente de la importancia del
dinero; cuando estaba vivo no se había dado cuenta de que se encontraba
rebosante de esperanza; a la hora exacta de su muerte se agarró “a la vida con
uñas y dientes, mordiéndola,
apasionadamente”; y cuando tuvo la certeza de la muerte su interior se llenó de
“una increíble sensación de amplitud”.
Capítulo 2. Me llamo
Negro
Negro vuelve a Estambul después de 12 años de ausencia. Estuvo trabajando con los bajás “por las infinitas estepas del país de los persas” y, en ese transcurso, olvidó el rostro de su prima, de quien se había enamorado aún cuando era niña: “comprendí que el ser humano acaba por olvidar una cara que nunca ve por muy querida que le sea”. A su vuelta, sabe que la mayoría de sus amigos, familiares y conocidos han muerto por la guerra contra los safavíes (guerra contra los otomanos entre 1532-1555 y 1623-1639).
La ciudad la percibe entre una mezcla de riqueza exuberante y pobreza lamentable, además de que el dinero ha perdido su valor, como en muchas otras ciudades. Es decir, se vive una época “de inmoralidad, carestía, asesinatos y robos”.
El predicador Nusret de Erzurum daba sus sermones en la mezquita de Beyazit (el Maese Donoso lo escuchaba), tenía mucha fama por ese entonces y se decía descender de la estirpe del Profeta Mahoma. Le atribuía toda desgracia ocurrida (la guerra, incendios, peste, cristianos rebelados en el oeste) a que las personas se habían alejado de Mahoma, de las órdenes del Sagrado Corán, acrecentaban una tolerancia a los cristianos, a la venta de vino con total libertad y a que en los monasterios se tocaban instrumentos musicales.
En el interior de un café encontró a un narrador de cuentos, llamado telonero, que había desplegado una pintura con la imagen de un perro y lo hacía hablar de sus propios labios.
Capítulo 3. Yo, el
perro
El perro habla sobre un
predicador insolente que emitía sus discursos en la mezquita de Beyazit, lo hace llamar el
maestro Husret (Nusret). Y decía: “La única razón de la carestía, de la peste y de las
derrotas es que hayamos olvidado el Islam de tiempos de nuestro Santo Profeta y
que nos hayamos creído ciertas mentiras y otros libros aparte del Corán que
aseguran ser musulmanes. (…) Las gentes van a los cementerios a implorar, piden
ayuda a los muertos, van a los mausoleos y adoran piedras, anudan cintas y
ofrecen sacrificios como si fueran idólatras. (…) Los derviches, los mevlevíes,
los halvetíes, los kalenderis, leen el Corán tocando los instrumentos
musicales, hacen bailar a niños y jóvenes con la excusa de que rezan en común,
son todos unos infieles”. Asimismo el café era del Diablo porque se embriagan
con café y los lugares en donde los venden son concupiscentes e inmorales.
Luego, el perro habla e intenta defender a su especie
frente a los maltratos que recibe y la injusticia de derechos frente a los
humanos, muchos incitados por el predicador Husret: “Si su intención es
convertir a los perros, además de en enemigos, en infieles, tendré que
recordarles que el hecho de ser enemigo de los perros es en sí ser infiel.
Cuando llegue el momento de las ejecuciones de estos canallas, momento que
espero no muy lejano, quizá nuestros amigos los verdugos nos inviten a comer un
pedazo de ellos como hacen a veces a modo de ejemplo”.
Capítulo 4. Me llamo
Asesino
Asesinó a Donoso porque
la comunidad de ilustradores estaba en peligro a causa de “las calumnias de un
inconsciente”. Donoso fue su compañero de ilustración desde hace veinticinco
años, y lo mató con un estilo “vulgar y grosero”.
Se mantiene constantemente intranquilo por ser un
asesino, a pesar de que a veces piensa que cualquiera en realidad puede también
serlo, todos pueden ser culpables: “…veo que muchos se creen inocentes solo
porque no han tenido la oportunidad de cometer un asesinato. Resulta difícil
creer que la mayoría de la gente sea más moral o mejor que yo solo por una
pequeña cuestión de azar y de destino (…) cualquiera con un brillo de
inteligencia en la mirada o la sombra de su espíritu reflejándose en su rostro
era un asesino en secreto. Solo los bobos son inocentes”.
“Solo mucho después de tirarle al pozo fui capaz de
pensar que en lo que había hecho existía un aspecto grosero que no se
correspondía en absoluto con la delicadeza que cabe esperar de un ilustrador”.
Capítulo 5. Soy vuestro
Tío
Es Tío de Negro, de
quien está muy orgulloso: “el respeto que me demuestra, el cuidado que pone al
besarme la mano”. Negro fue su aprendiz en el oficio de la ilustración.
Su hija, la bella Seküre, es la prima de la que Negro se
enamoró en su juventud. Después de que él se marchó de Estambul, ella se casó
con un caballero que fue a la guerra y desapareció a pesar de tener dos hijos
en común.
El Tío de Negro le escribió una carta hasta Tabriz para hacerlo llamar a Estambul con el fin de comentarle que tiene un libro de encargo por parte de Nuestro Señor el Sultán, Pilar del Universo. Para ello, encargó dibujos a los mejores ilustradores de los talleres del Sultán para representar “las riquezas interiores, de las alegrías y los miedos del mundo sobre el que gobierna Nuestro Sultán”. Los ilustradores son llamados en clave porque el libro es un secreto y se reúnen de la misma manera: Cigüeña, Aceituna, Donoso y Mariposa.
El Tío de Negro, a través de los maestros venecianos, descubrió el retrato: “Los maestros venecianos habían descubierto métodos y técnicas para poder diferenciar un hombre cualquiera de los demás, no gracias a sus ropas y a sus condecoraciones, sino a los rasgos de su cara (…) Con que tu cara sea pintada así una sola vez, ya nadie será capaz de olvidarte. Por muy lejos que estés, aquel que mire tu imagen te sentirá muy cerca de sí. Todos aquellos que no te hayan visto en vida, años después de tu muerte pueden encontrarse frente a frente contigo como si te tuvieran delante”.
Entonces, desea crear un libro con retratos del Sultán: “pintado con todo lo que poseía, con todo lo que mostrara su mundo y representara sus confines”.
El Tío de Negro teme por que hayan asesinado al Maese
Donoso, el ilustrador que hacía los mejores dorados.